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Julieta Persefone
Buenos Aires - Argentina
"Tengo miedo cuando mis ojos parpadean. Miedo de que, durante ese segundo en que mi mirada desaparece, se deslice en tu lugar una serpiente, una rata, otro hombre."


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dragonprincesa


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Escrito III



El agua del estanque está tibia y pegajosa. Sobre las piedras hay pájaros de todos los tipos y colores. Nunca levantan vuelo, tienen las patas atrapadas en este liquido espeso y caliente, como si cientos de lobos hambrientos hubieran babeado el empedrado.
El agua del estanque es agua fértil. Todo lo que allí se sumerge evoluciona a otro estado. Un golpe energético me da descargas directas desde el tercer ojo hasta la pelvis, y todas las estaciones se manifiestan en simultaneo, siendo hija, mujer y niña a la vez, abriendo mis piernas como esas flores que nacen casi con esfuerzo entre los hongos que tambien parió el agua, arqueando el cuerpo por los dolores del crecimiento y la transmutación a este animal mitológico grotesco en el que me converti. De pronto, los pájaros son cuervos y mi lengua mide metros. Entro en convulsión y una serie de orgasmos interminables caen como disparos en mi cuerpo que flota en el estanque, entre la podredumbre y las flores pueriles, uno tras otro, acompañados de movimientos bruscos que me golpean contra las piedras. Cuando finalmente sosiega y puedo respirar, siento brotar de mi sexo la marea. El agua, ahora hirviendo, babeante, había crecido tanto que me ahogaba. Estaba condenada, o condenado, yo, ese monstruo de apariencia femenina, que se rompe y se corrompe en el agua fértil, a vaciarme y reconstruirme en ese parto eterno de mi sexualidad.


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